La atascada política posmoderna. Causas y soluciones.

Actualizado: 1 de sep de 2019



Ideas principales del artículo:

-Sólo desde la época moderna o culturas que hayan llegado a naranja apareció la idea de igualdad de razas, sexo cultura y religión. Antes no se buscaba la igualdad sino que era normal la existencia de diferencias, esclavos, y una separación de castas y culturas.

-A la opresión que existe en las personas con visiones pre-modernas (rojo y ámbar) no es algo deplorable que deba ser erradicado, sino una fase de evolución que debe ser completamente entendido y abordado a través de, entre otras cosas, una “educación de desarrollo deliberada. Al igual que el egoísmo de los niños pequeños no se puede quitar sino que desaparece naturalmente con su desarrollo.

Resumen del capítulo “La principal causa (y cura) de la opresión”

desde mi punto de vista, el más representativo del libro “Trump y la posverdad” Ken Wilber Ed Kairós.

Toquemos brevemente el punto de la opresión, el fin absoluto que es tal vez la meta central más fuerte del posmodernismo. Aunque la idea misma es totalmente loable (y sucede que es una que apoyo totalmente), el problema surge cuando una locura aperspectivista chata intenta entender la fuente, causa y cura de la opresión misma.

El Posmodernismo o también llamado en la Visión Integral como Verde comúnmente revisará la historia y, por ejemplo, cuando encuentre una sociedad con una falta generalizada de valores verdes (valores mundicéntricos de pluralismo, igualitarismo radical y equidad total), asumirá que esos valores verdes estarían normal y naturalmente presentes si no fuera por el hecho de que han sido maliciosamente oprimidos por las jerarquías dominantes que se encuentran en la sociedad. Todos los individuos poseerían valores mundicéntricos verdes de pluralismo, si no fuera por el control de los poderes opresivos que aplastan esos valores dondequiera que aparecen.

Tras una revisión minuciosa de la historia, verde encontró que la falta de esos valores se remonta a los inicios de la historia y, entonces, hizo el supuesto de que una masiva fuerza opresora (o un grupo de ellas) estaba presente desde el inicio de la humanidad en el planeta, y estas fuerzas opresoras siguen operando hoy en todos lados. Entonces, el trabajo de verde es acabar con la discriminación, la marginalización, la misoginia, la homofobia y las interminables variedades de esclavitud en curso. Usualmente, esta fuerza es representada por el género masculino; o una raza particular (la blanca en la mayor parte del mundo, acompañada de un colonialismo rampante) o debido a un credo particular (usualmente el fundamentalismo religioso de cualquier tipo) o un conjunto de prejuicios (hacia los gays, hacia las mujeres, hacia cualquier minoría oprimida).

En resumen, la falta de valores verdes (igualitarismo, libertad comunal, igualdad de género, sensibilidad y cuidado humano) se debe a la presencia de la opresión.

El mayor problema con esa visión es que deja de lado por completo el rol del crecimiento, el desarrollo y la evolución. La identidad moral humana crece y se desarrolla de lo egocéntrico (rojo) a lo etnocéntrico (ámbar) a lo mundicéntrico (naranja y después verde) a lo integral (turquesa). Esto sucede tanto individual como colectiva e históricamente. Por lo tanto, la razón principal de que haya existido la esclavitud hace, digamos, 2000 años, no se debe a que existiera una fuerza opresora previniendo una libertad mundicéntrica, sino que la noción mundicéntrica de libertad ni siquiera había emergido en ningún lugar del planeta. No es que estuviera presente y fuera oprimida, como imagina verde, sino que, para empezar, ni siquiera había surgido. No había nada que oprimir. Es por ello que, por ejemplo, todas las grandes religiones del mundo, que de otra manera enseñan amor y compasión y a tratar a todos amablemente, sin embargo, precisamente porque fueron creadas durante la gran era etnocéntrica mítica de la civilización tradicional, no tenían una concepción extensa ni amplia de la libertad fundamental mundicéntrica de los seres humanos (o la creencia de que todos los humanos, sin importar raza, sexo, color o creado, nacieran iguales).

Por lo tanto, ninguno de ellos se opuso tajantemente al hecho de que una gran proporción de su propia población estuviese conformada de esclavos. Las sociedades atenienses y griegas, consideradas el hogar de la democracia, tenían una población donde 1 de cada 3 individuos era un esclavo (y no existía ninguna queja importante a escala cultural). Ni existían denuncias efectivas culturalmente generalizadas en el cristianismo, o el budismo, o el hinduismo ni en ninguna otra. No fue hasta la emergencia de la era de la razón mundicéntrica que “sostenemos como evidentes estas verdades, que todos los hombres son creados iguales” y tales ideas comenzaron a existir (emergieron evolucionariamente) y, por ello, comenzaron a ser adoptadas por los miembros comunes de esa cultura. La Guerra de Secesión, peleada en parte por tal descubrimiento, era impensable mil años antes; simplemente no habría tenido sentido.

La esclavitud, primero inventada y practicada por hombres negros sobre hombres negros en África y, después, encontrada básicamente en todos lados, entre hombres amarillos sobre hombres amarillos, y rojos sobre rojos, y remotamente hasta las primeras tribus mismas que, siempre que se encontraban unas a otras, usualmente recurrían a la guerra o a la esclavitud (como hemos visto, 15 por ciento de las tribus indígenas practicaban la esclavitud, y lo hacían porque la moralidad mundicéntrica no había emergido de forma generalizada), por lo que esta falta de libertad no se debe principalmente a la presencia de una fuerza opresora, sino a la ausencia de un desarrollo más elevado. La causa real resulta ser no la presencia de opresión sino la falta de desarrollo.

La gente no nace, de ninguna manera, con valores verdes; esos valores son el producto de 5 o 6 grandes fases de desarrollo humano, y antes de su emergencia real, no existen en ningún lado donde puedan ser de hecho oprimidos para empezar.

Pero si pensamos que los valores verdes deben ser encontrados universalmente y que la falta de los mismos indica inequívocamente que existe una fuerza opresora, no veremos más que víctimas por todos lados (simplemente porque verde es una de las fases más altas de desarrollo que haya emergido y todas las fases previas, por definición, carecen de verde y, si esa carencia siempre significa equivocadamente que hay opresión, entonces todas esas fases son equivocadamente vistas como “víctimas” y, por lo tanto, el número de víctimas oprimidas se dispara estrepitosamente). Entonces, nuestra cura para esto no será promover factores que ayuden al crecimiento y al desarrollo, sino castigar y criminalizar a aquellos que se encuentren en las fases de desarrollo bajas que actúan de formas opresivas.

Una fase inferior y pre-mundicéntrica de desarrollo se impondrá sobre los valores mundicéntricos si le es posible, no porque esté tratando específicamente de oprimir tales valores, sino porque aún no posee los valores mismos ni entiende su valor, bondad ni conveniencia. La cura para esto es mover el desarrollo hacia delante, no criminalizar fases anteriores (que es como decir que la edad de 5 años es una enfermedad y hay que prohibirla).

Simplemente identificar “opresores” y sus “víctimas” en todos lados significa mal-diagnosticar (y, por ende, mal-tratar) la enfermedad.

Verdaderamente, no digo esto de manera despectiva, sino simplemente como una narrativa explicativa y descriptiva, ya que la cura aquí implica no odiarlos y tacharlos de “deplorables” y criminalizarlos (a menos que su comportamiento mismo lo merezca), sino alcanzarlos e incluirlos compasivamente en el diálogo nacional actual y en el desarrollo normativo cultural actual, que es precisamente lo que la vanguardia verde (incluyendo a su campeona Hilary Clinton y el partido demócrata) se ha negado activamente a hacer por lo menos desde hace cuatro o cinco décadas.

Y, sin embargo, como hemos comenzado a ver, a pesar de que verde no permitirá la existencia de ninguna perspectiva “superior” o “mejor”, sigue sintiendo profundamente que sus propias perspectivas son definitivamente “superiores” y “mejores”.

Desea que todas y cada una de las personas sean libres de juicios, rango, opresión, dominación, coerción o control por los demás. Pero resulta que la mayoría de los individuos no están a favor de la meta mundicéntrica. Los individuos que se encuentran en las fases arcaica, roja-mágica y ámbar-mítica (en resumen, egocéntrico y etnocéntrico) no quieren que todos sean tratados por igual. Más bien, quieren que su grupo especial tenga privilegios especiales (porque lo merecen, porque son “¡el pueblo elegido!”), y si de alguna manera están en el poder, buscarán que su grupo obtenga la mayoría de los bienes disponibles. Harán esto instigando todas las maneras de control coercitivos y dominantes (ya sea racista, o sexista, o favoreciendo a grupos privilegiados, o devaluando a las minorías, u organizando los medios de producción para favorecer a la minoría, o reservando el grueso de los bienes disponibles


Como hemos visto, alrededor del 60 por ciento de esta cultura (y alrededor del 70 por ciento de la población mundial) continua en el nivel etnocéntrico ámbar (o inferior). Cada vez que nace un niño está naciendo un egocéntrico (con la opresión intrínseca).

La raíz de tales fuerzas opresivas no proviene del exterior; están causadas por el interior que secuestra el exterior para expresar y manifestar su visión del mundo profundamente etnocéntrica, y a menos que ese interior sea completamente entendido y abordado a través de, entre otras cosas, una “educación de desarrollo deliberada”, el ideal verde de una sociedad verdaderamente equitativa y libre no podrá ni siquiera acercarse a ser realizado.

Bienvenido al mundo de la posverdad.

Y la pregunta es ¿qué hacemos ahora?


© 2016 by Gustavo Calabró

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